El fantasma del proteccionismo recorre los mercados globales

¿Quién teme a los ARANCELES del siglo XXI? El fantasma del proteccionismo recorre los mercados globales

Los aranceles han dejado de ser simples barreras comerciales para convertirse en armas de destrucción diplomática masiva. 😮 No es solo una cuestión de porcentajes, importaciones o burocracia aduanera. Es mucho más visceral. Porque cuando Donald Trump declaró aquel “Día de la Liberación” arancelaria, no estaba hablando solo de comercio. Estaba trazando trincheras. Cambiando de bando a media partida. Y lo más inquietante de todo es que muchos no se dieron cuenta hasta que ya era tarde.

Los aranceles no son cifras, son cicatrices”. Eso lo escuché una vez en una charla informal entre economistas, y aunque parezca una frase de sobremesa, resume bien lo que estamos viviendo. Porque este nuevo orden comercial no nació de una guerra ni de una epidemia. Nació de un decreto presidencial, de un tuit, de una convicción empapada en proteccionismo y nostalgia industrial.

El fantasma del proteccionismo recorre los mercados globales 1

Origen: El Día Que Los ARANCELES Cambiaron La Seguridad Mundial – ZONA SEGURA

Cuando el queso manchego se convirtió en rehén político

Hay algo poético —y también profundamente inquietante— en que un queso manchego se vuelva símbolo de una guerra. Pero así fue. Cuando Costco advirtió que los precios de productos europeos se dispararían, los supermercados se convirtieron en trincheras silenciosas. El campo de batalla ya no eran los parlamentos ni los G20, sino las góndolas del barrio. Si alguien necesitaba una imagen clara del impacto de los aranceles, ahí la tenía: etiquetas de precios infladas, consumidores confundidos y un manchego mirando desde el estante como quien no entiende por qué lo culpan.

La historia está llena de absurdos que terminan por dictar el curso de los imperios. Como bien lo señala este análisis sobre seguridad global, el proteccionismo no solo es malo para el comercio: puede ser un peligro para la estabilidad internacional. Y cuando alguien se atreve a imponer aranceles del 54% a China, un país con mil millones de razones para contraatacar, no estamos hablando de medidas económicas. Estamos hablando de pulsos nucleares sin misiles.

La guerra no la declaran los soldados, sino los contadores”.

Trump y el proteccionismo con sombrero de cowboy

Muchos analistas creyeron, ingenuamente, que Trump era solo un bufón de Twitter. Que sus ideas económicas eran postureo, un poco de humo para encantar a sus bases. Pero se equivocaron. Trump entendió algo básico: en el siglo XXI, la política económica es puro espectáculo. Y los aranceles son sus fuegos artificiales.

El famoso lema “Make America Great Again” tenía su cara B: «Make Everyone Else Pay». Y bajo ese mantra, el expresidente desató una tormenta que no se conforma con sacudir mercados. También tambalea alianzas históricas, redefine las relaciones internacionales y arrastra a los demás a una especie de ruleta rusa donde todos cargan una bala en la recámara.

Los economistas lo advirtieron. Las agencias lo confirmaron. Pero Trump se aferró a una idea que parece sacada de una película de vaqueros industriales: si ellos me cobran, yo les cobro más. Y así fue como se instauró el principio del arancel recíproco. Solo que, como casi todo en política, la reciprocidad era más una excusa que un cálculo real.

El regreso del proteccionismo con chaqueta futurista

Hablar hoy de proteccionismo es como invocar un espíritu que muchos creían enterrado en los manuales de historia. Pero no. Ha vuelto. Y ha vuelto con ganas.

En la enciclopedia de siempre, el proteccionismo aparece como esa política económica que pretende proteger la producción nacional mediante barreras. Nada nuevo. Pero en tiempos como los actuales, esa palabra ha mutado. Ya no se trata de proteger, sino de cerrar. No de regular, sino de castigar.

La pregunta que sobrevuela todo esto es: ¿sirve de algo protegerse del mundo en un mundo donde todo está conectado? Porque el viejo modelo del «yo fabrico lo mío y no necesito a nadie» suena romántico… hasta que se acaba el litio, o las tierras raras, o simplemente, el pan.

La OMC: árbitro sin silbato en una pelea de bar

Uno pensaría que en una disputa de este calibre, alguien llamaría al árbitro. Y ahí entra la Organización Mundial del Comercio, con su sede brillante, sus informes bien redactados y sus jueces internacionales… que no existen.

Desde que EE.UU. bloqueó la designación de nuevos árbitros, la OMC es un árbitro sin silbato. Sabe lo que pasa, ve las faltas, pero no puede sacar tarjeta roja. Como se explica en esta crónica de El País, el bloqueo estadounidense ha dejado al sistema multilateral cojo y mudo.

Y en ese silencio institucional, cada país ha comenzado a bailar su propio tango arancelario. China responde con gravámenes del 34%, Europa se defiende con diplomacia, y otros simplemente miran sin saber si les toca bailar o esconderse.

«La inflación no la causa la política, sino la guerra invisible»

Uno de los efectos colaterales más perversos de esta guerra comercial es el daño silencioso que provoca en los hogares. La crisis económica ya no se anuncia con titulares, sino con tickets de compra. Y ahí, en las cifras pequeñas y las monedas que faltan, se empieza a notar el precio real del proteccionismo.

Según la Tax Foundation, los aranceles de Trump equivalen a un nuevo impuesto de 2.100 dólares anuales por hogar. En otras palabras: la guerra comercial la paga el que va al supermercado, no el que firma los tratados.

Por si fuera poco, esta política de encarecer lo extranjero para proteger lo nacional ha generado un efecto bumerán: los productos nacionales también suben, porque dependen de insumos extranjeros. Y así, mientras Trump celebra su independencia industrial, la inflación se ríe por lo bajo desde los mostradores.

Entre el «made in USA» y el «nos quedamos solos»

El objetivo declarado de toda esta estrategia es fortalecer la industria americana. Pero hay algo peligroso en esta lógica. Porque cuando uno se protege demasiado, empieza a perder contacto con el exterior. Como quien se encierra tanto en su casa por miedo a los robos que termina olvidando cómo se abre la puerta.

Ese miedo al exterior es lo que está aislando a Estados Unidos en plena competencia global. Mientras ellos levantan muros comerciales, China lidera bloques como el RCEP y fortalece sus lazos regionales. Europa hace lo propio con sus tratados internos. Y otros países, como India o Brasil, exploran nuevas alianzas para no depender tanto del gigante norteamericano.

«La confianza se construye en décadas y se pierde en tuits«.

“La globalización me rompe las bolas”: la protesta más humana

Quizá el comentario más honesto sobre toda esta guerra lo encontré en Reddit. Decía algo así como: “Me rompe mucho las bolas que un tipo a 9000 km escriba un papelito y acá suba el precio de la carne”. Y sí, esa frase, tan vulgar como precisa, resume lo que muchos sentimos.

Porque detrás de los tratados, las tarifas y las tensiones diplomáticas, hay una sensación creciente de impotencia individual. El mundo está interconectado, pero no igualado. Los grandes deciden, los pequeños sufren las consecuencias. Y en medio, el ciudadano común, que solo quiere comer sin que le metan una guerra en la lista del supermercado.

¿Volver al pasado o avanzar con ojos abiertos?

El proteccionismo tiene algo de nostalgia, como quien extraña una época en la que todo se hacía en casa y la competencia extranjera no existía. Pero esa nostalgia puede ser peligrosa. Porque el mundo no es el mismo, ni las reglas del juego tampoco.

No se trata de eliminar fronteras económicas sin más. Tampoco de encerrarse en un nacionalismo económico suicida. El desafío está en encontrar un punto medio: proteger lo que importa, pero sin levantar muros que nos aíslen del futuro.

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

¿Qué vendrá después de esta guerra comercial silenciosa?
¿Nos encaminamos hacia un mundo de bloques regionales blindados, o aprenderemos a confiar nuevamente en un comercio libre y justo?
¿Quién pagará el precio real de estos aranceles?
Porque, al final, cuando el polvo baje, lo único que quedará serán las facturas.

Y en cada una de ellas, la palabra arancel será más que un tecnicismo económico. Será la marca de una era que quiso cerrarse al mundo… justo cuando más lo necesitaba.

ALTERNATIVAS NEWS - El Diario Futurista del Planeta Tierra te cuenta la Actualidad desde un Punto de Vista VANGUARDISTA PONIENDO EL FOCO EN EL FUTURO.

PUBLICIDAD

Si quieres un post patrocinado en mis webs, un publireportaje, un banner o cualquier otra presencia publicitaria, puedes escribirme con tu propuesta a direccion@zurired.es

Deja una respuesta

Previous Story

Cuál es la diferencia entre los ácidos grasos EPA y DHA

Next Story

¿Por qué las MOTOS RETRO son el futuro que nadie esperaba?

Latest from TECH & FUTURO