De Roma a 2026: El Revival de los Balnearios Históricos como alternativa de Destino de Bienestar Más Auténtico de España
El turismo de bienestar ha dejado de ser un complemento para convertirse en el principal motor de viaje de un segmento creciente de españoles y europeos. Y en esa carrera hacia la experiencia auténtica, los balnearios con origen romano o medieval están ganando la partida a los spas de diseño interiorista. No por nostalgia, sino porque ofrecen algo que ninguna instalación de lujo puede fabricar: dos mil años de historia bajo los pies del bañista.
El contexto: un mercado que ya no es de nicho
El turismo de bienestar se consolida en 2026 como uno de los segmentos de mayor crecimiento mundial, transformando la manera en que las personas planifican sus viajes al priorizar la salud física, mental y emocional por encima de la simple recreación. Este fenómeno está impulsado por el cansancio crónico, el auge del teletrabajo y un enfoque proactivo hacia el autocuidado, y los destinos que ofrecen experiencias auténticas y medibles de bienestar atraen visitantes con mayor poder adquisitivo y estancias prolongadas.

El mercado global del turismo de bienestar alcanzó los 989.710 millones de dólares en 2025 y se proyecta que llegue a 1.047.120 millones en 2026, con una tasa de crecimiento anual compuesto del 5,8% según Global Growth Insights. Otras fuentes son aún más optimistas: Fundamental Business Insights cifra el mercado en 1,12 billones de dólares en 2025, con proyecciones que lo llevan a 3,6 billones en 2035. En Europa, que representa aproximadamente el 25% del mercado global según el Global Wellness Institute, la demanda de spa, retiros y termalismo crece de forma sostenida.
España, con su clima, su red hotelera y su diversidad territorial, ocupa una posición estratégica en este tablero. El país se ha clasificado como el segundo mercado europeo con mayor oferta de turismo de bienestar, únicamente detrás de Alemania, y el quinto a nivel mundial. El sector wellness español generó una facturación anual que supera los 3.200 millones de dólares en 2025, con más de 2.200 centros operativos en todo el territorio. Y el 83% de los españoles tiene en cuenta su bienestar físico y emocional al elegir destino de viaje.
Dentro de ese universo, los balnearios históricos —los que llevan siglos explotando manantiales cuyo origen se pierde en el tiempo romano o árabe— están protagonizando el capítulo más inesperado del boom. No como reliquias, sino como producto turístico en plena reconfiguración.
La raíz romana: dos mil años de hidroterapia
Roma fue el primer gran constructor de cultura termal en la Península Ibérica. Donde los romanos encontraban un manantial de aguas mineromedicinales, levantaban infraestructuras: piscinas, caldaria, frigia, vapores. La presencia de edificios vinculados al aprovechamiento de aguas mineromedicinales es un hecho constatado en todo el Imperio Romano, y Hispania no fue una excepción. Aquellos establecimientos tenían una doble funcionalidad que los distinguía de las termas de agua común: la función salutífera y el significado religioso, vinculados a los dioses de las aguas y a la sacralidad del baño purificador.
El rastro de esa presencia se puede seguir hoy con poca dificultad. Algunas de las instalaciones que los romanos frecuentaron entre los siglos I y IV d.C. siguen en funcionamiento bajo estructuras actualizadas, o conservan los vestigios físicos de aquella primera ocupación terapéutica del territorio. Calcular cuántos balnearios españoles tienen origen romano es difícil, pero el mapa es generoso: Extremadura, Andalucía, Galicia, Cataluña, Aragón, Murcia y Castilla y León conservan enclaves de probada antigüedad.
Lo que hace especialmente potente este fenómeno hoy no es solo la historia per se, sino el contraste que representa frente a la hiper tecnologización del wellness moderno. Mientras ciertos resorts premium incorporan análisis de microbioma, crioterapia y ajuste circadiano de iluminación mediante inteligencia artificial, algunos viajeros buscan exactamente lo contrario: la radicalidad de un agua que lleva brotando sin interrupción desde el siglo I, en un entorno sin conexión a internet y con un mínimo de artificio.
Los balnearios: seis enclaves que resumen la historia
Balneario de Alange (Badajoz): el Patrimonio de la Humanidad que sigue activo
El caso más contundente en términos patrimoniales es el Balneario de Alange, en la provincia de Badajoz. Sus orígenes se remontan al momento en que el emperador Augusto fundó la colonia Emérita Augusta, en torno al año 25 a.C., aunque el hallazgo de un ara votiva del siglo III d.C. indica que ya existía en tiempos de Trajano y Adriano. De la obra romana original se conservan dos termas circulares techadas en cúpula con un excelente estado de conservación, declaradas Monumento Nacional y parte del Conjunto Arqueológico de Mérida, distinguido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
La singularidad de Alange es que esas piscinas romanas no son un museo: siguen en uso. El establecimiento cuenta con 460 plazas hoteleras y cerca de doscientos años de tradición hidrotermal moderna, y ofrece junto a las cámaras circulares romanas ocho piscinas privadas y veintiséis departamentos con pilas de mármol para baño individual. El agua, con elevado contenido en radón, produce mejoras en afecciones nerviosas, artrosis, reumatismo y algunas del aparato respiratorio. La frase de su propia web lo resume con precisión: «termas romanas de más de dos mil años de antigüedad conviven en armonía con galerías de duchas y bañeras de mármol del siglo XIX y con las más modernas técnicas hidrotermales».
Balneario de Retortillo (Salamanca): el regreso de primavera de 2026
El 26 de marzo de 2026, el Balneario de Retortillo reabrió sus puertas en el oeste salmantino, junto al discurrir sereno del río Yeltes, iniciando su temporada con presencia confirmada en el programa de Termalismo Social del Imserso. La noticia fue cubierta por Hosteltur el 24 de marzo, y sitúa a este enclave como el hecho más actual y simbólico del revival termal en España.
Sus aguas, de composición sulfurada y bicarbonatada con temperatura elevada y ligera radiactividad natural, están indicadas para el tratamiento de afecciones reumáticas, respiratorias y musculares. El uso de esas aguas se remonta a la época romana, como atestigua un ara votiva que aún conserva el establecimiento. La construcción actual data de 1903 y ha experimentado varias renovaciones, pero el manantial es anterior: emerge a 48ºC desde 1.500 metros de profundidad con composición química, temperatura y caudal constantes durante todo el año. El complejo, con 147 habitaciones y capacidad para más de 280 huéspedes, propone el ‘Termoplan’, que integra circuito termal y gastronomía en una sola propuesta, y se integra en el entorno de la Red Natura 2000.
Balneario de Elgorriaga (Navarra): la sal más concentrada de Europa
El Balneario de Elgorriaga, situado en un recóndito valle del Alto Bidasoa navarro, ofrece algo que ningún otro enclave termal europeo puede igualar: sus aguas son las más saladas del continente, con 336 gramos de sal por litro. Su composición química —clorurada, sódica y ferruginosa— aporta beneficios antiinflamatorios, mejora la movilidad articular, estimula la regeneración de la piel y favorece la circulación. Su aprovechamiento con fines terapéuticos comenzó oficialmente en 1846, aunque ya antes los vecinos observaban cómo el ganado prefería esas aguas frente a cualquier otra.
El actual Hotel Balneario Elgorriaga fue renovado por completo en 2009 y ofrece un circuito termal de 70 minutos por 35 euros, con opciones de día completo con masaje y almuerzo tipo buffet, o alojamiento desde unos 170 euros la noche. Rodeado de vegetación atlántica, el municipio pertenece a la ruta del agua del valle y permite caminatas hasta Zubieta o ascensos al monte Mendaur, convirtiendo el plan termal en una propuesta completa que combina salud, naturaleza y silencio. La publicación de El Confidencial en enero de 2026 lo señaló como «el destino termal más codiciado del invierno en España».
Termas de Caldas de Montbui (Barcelona): la piscina romana más caliente de la Península
En el municipio barcelonés de Caldas de Montbui, a 30 kilómetros de la capital catalana, brotan aguas geotermales a más de 74ºC, lo que las convierte en una de las fuentes más calientes de Europa. Los romanos fundaron aquí una estación balnearia conocida en las fuentes clásicas como Aquae Calidae, de la que queda un testimonio excepcional: las termas situadas en el centro de la villa actual, consideradas las mejor conservadas de la Península Ibérica. La parte restaurada muestra una piscina de 13,5 por 5,9 metros hecha con opus signinum cubierta por una bóveda, solo una de las alas de un gran establecimiento termal construido en la época del Imperio.
Tras la decadencia del período visigótico, la actividad termal se recuperó en el siglo XIX, cuando Caldas de Montbui se convirtió en la segunda estación balnearia de España. Hoy el enclave funciona como destino con múltiples capas: el Museo Thermalia recoge la relación del municipio con sus aguas desde la Antigüedad, la Font del Lleó sigue emanando agua a 74ºC abierta al público, y los balnearios modernos del casco histórico canalizan esas mismas aguas con tecnología contemporánea.
Balneario de Archena (Murcia): dos milenios a orillas del Segura
Las termas de Archena, situadas a orillas del río Segura en la entrada del Valle de Ricote murciano, brotan a una temperatura constante de 52ºC. Su historia es anterior incluso a Roma: sus inicios se remontan al siglo V a.C., cuando los pobladores íberos fueron los primeros en usar esas aguas. Los romanos, que encontraron allí un lugar sagrado y terapéutico, levantaron sus primeras termas y se cree que el enclave funcionó como un balneario militar destinado a la recuperación de legionarios y ciudadanos enfermos. Una lápida hallada en 1757 con una inscripción latina del siglo I-II d.C. documenta una restauración oficial de los baños por decreto de los decuriones.
Tras la Orden de San Juan de Jerusalén, la desamortización y varias remodelaciones decimonónicas, el Balneario de Archena hoy combina la arquitectura historicista del siglo XIX con instalaciones termales actualizadas, en un enclave que sigue siendo uno de los más activos del programa del Imserso. La afluencia ha ido intensificándose hasta el punto de que se proyectan nuevas ampliaciones para absorber la demanda.
Balneario de Lugo: termas romanas dentro del hotel
El caso del Balneario de Lugo —también conocido como Hotel Balneario Termas Romanas— es quizás el que mejor ilustra la superposición de capas históricas que caracteriza al termalismo español. En el interior del edificio actual se conservan restos de las antiguas termas públicas romanas que datan del año 15 a.C., contemporáneas a la fundación de la ciudad romana Lucus Augusti, declaradas Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional en 1931. Dos estancias con techos abovedados sobreviven: el apodycterium (vestuarios) y un caldarium de baños calientes que fue reconvertido en capilla cristiana en época medieval.
Hoy el hotel de tres estrellas construido sobre esas ruinas opera con 64 habitaciones, comedor, cafetería y cinco kilómetros de jardín y paseo fluvial a orillas del Miño. Las aguas sulfurado-sódicas y bicarbonatadas emanan a 43,8ºC y siguen siendo explotadas en el balneario moderno. Las termas romanas son visitables de lunes a sábado de 9:00 a 21:00 con entrada gratuita, lo que convierte el destino en un híbrido singular: patrimonio arqueológico, establecimiento termal y hotel rural, todo en el mismo edificio.
El motor de la democratización: el programa Imserso y el efecto ANBAL
El turismo termal español tiene un mecanismo redistribuidor sin equivalente en Europa: el Programa de Termalismo Social del Imserso. Para la temporada 2026, el Ministerio de Derechos Sociales ha reservado un total de 197.000 plazas —un incremento del 3,4% respecto al año anterior— en 84 balnearios repartidos por toda España, con estancias de diez días y nueve noches que incluyen alojamiento en pensión completa, tratamiento médico y actividades de ocio. Los precios subvencionados arrancan desde 300 euros por persona, convirtiendo al balneario histórico en una opción accesible para un segmento que de otro modo no podría costearla.
Este programa ha funcionado como incubadora silenciosa de fidelidad hacia el producto termal: quienes lo prueban a través del Imserso frecuentemente regresan por cuenta propia. Miguel Mirones, presidente de la Asociación Nacional de Balnearios (ANBAL), señaló que el crecimiento de los productos de turismo de salud y bienestar «es una tendencia constante desde antes de la pandemia que, una vez superada definitivamente ésta, no solo recupera la línea ascendente sino que acelera su crecimiento». La ANBAL agrupa 66 centros termales registrados, distribuidos principalmente en Galicia, Andalucía y Cataluña.
El modelo de negocio del revival: patrimonio como activo diferencial
La cadena Castilla Termal Hoteles es el caso empresarial más documentado del modelo que está transformando el sector: la rehabilitación de edificios históricos —monasterios, palacios, conventos— en hoteles balneario que extraen valor precisamente de su antigüedad. El grupo cerró 2025 con una facturación superior a los 42 millones de euros, un crecimiento del 11% respecto a 2024 y del 40% frente a 2023, con un EBITDA cercano a los 11 millones de euros, un 21% más que el año anterior. Su objetivo es alcanzar los 100 millones de ingresos en cinco años.
El modelo de Castilla Termal opera sobre edificios como el Monasterio de Valbuena —cisterciense, fundado en 1128 por la infanta Sancha Raimúndez, hoy hotel de cinco estrellas— o el convento Sancti Spiritus de Olmedo, del siglo XVI. La inversión en el Palacio de Avellaneda, cuya apertura está prevista en 2026 tras una inversión de 20 millones de euros, señala la dirección del modelo: rehabilitar patrimonio histórico con aguas termales como palanca de posicionamiento premium. El grupo prevé destinar más de 4 millones de euros a la modernización de todos sus hoteles.
Lo que Castilla Termal representa a escala corporativa, otros operadores independientes lo repiten con menor visibilidad pero con resultados similares: la rehabilitación de edificios históricos termales como inversión en autenticidad, en un mercado donde la diferenciación ya no pasa por el número de tratamientos del menú sino por la profundidad histórica del enclave.
El perfil del nuevo bañista: entre el wellness tecnológico y el ritual ancestral
El turismo de bienestar en 2026 se bifurca en dos tendencias aparentemente contradictorias. Por un lado, hoteles como Equinox implementan el programa The Sleep Lab, donde la habitación ajusta iluminación, temperatura y horarios al ritmo biológico del huésped, o resorts como Six Senses Ibiza incorporan diagnósticos genéticos y análisis de microbioma previos a la llegada. Por otro, la demanda de conexión con la naturaleza, el silencio y la arquitectura biofílica emerge como tendencia clave para turistas que buscan descanso y recuperación integral.
Los balnearios históricos se posicionan, casi sin esfuerzo de branding, en ese segundo polo. Según la Organización Mundial del Turismo, el turismo de bienestar representa ya más del 10% del gasto turístico mundial y crece el doble de rápido que el turismo general. El Global Wellness Institute confirma que el nuevo viajero busca equilibrio: descanso, naturaleza, ejercicio, alimentación saludable y desconexión de la rutina digital. Los balnearios romanos ofrecen todo eso junto con algo que ninguna tecnología puede replicar: la continuidad histórica de un ritual que lleva veinte siglos sin interrupción.
La tendencia hacia la desconexión digital refuerza el atractivo de estos destinos. Hoteles de todo el mundo están implementando políticas que premian a los huéspedes por guardar sus dispositivos, ofreciendo descuentos, mejoras de habitación o créditos en spa. Los balnearios históricos, muchos de ellos en entornos rurales con conectividad limitada, tenían esa ventaja antes de que fuese una tendencia de marketing.
En paralelo, el turismo interior cobra protagonismo en España. Las proyecciones para 2026 apuntan a un crecimiento de destinos de interior, entornos rurales y espacios menos masificados, y los balnearios históricos —ubicados en su mayoría fuera de los grandes centros urbanos, en Extremadura, Murcia, Navarra, Galicia, Salamanca o el Pirineo aragonés— son beneficiarios directos de esa redistribución de la demanda.
El panorama futuro: entre la longevidad y la soberanía del agua
El modelo de negocio del termalismo histórico tiene algunos vectores de crecimiento claros para los próximos años. El primero es el envejecimiento demográfico: el aumento de la esperanza de vida y la búsqueda activa de longevidad por parte de la generación silver convierte los tratamientos termales —con sus beneficios probados en afecciones reumáticas, cardiovasculares y respiratorias— en servicios de alta demanda estructural. El Imserso ya gestiona 197.000 plazas anuales, y ese volumen tenderá a crecer a medida que la pirámide poblacional española envejezca.
El segundo vector es la incorporación de marcos científicos al discurso termal. Castilla Termal ha anunciado una apuesta avanzada por «la nutrición aplicada a la longevidad, el descanso y el cuidado personal, integrando conocimiento termal, criterios científicos y gastronomía basada en producto de la tierra». Ese movimiento hacia la validación médica del termalismo —siguiendo el ejemplo de mercados como Alemania, donde la Kur está integrada en la seguridad social— podría reposicionar los balnearios históricos como destinos de medicina preventiva, no solo de ocio.
El tercer vector, más especulativo pero igualmente relevante, es el del turismo regenerativo. La colaboración público-privada y la integración de recursos naturales, cultura local y servicios especializados son condiciones para que destinos rurales reduzcan la estacionalidad y atraigan turistas de mayor valor añadido. Los balnearios históricos, que actúan como motores económicos en zonas rurales de baja densidad, encajan perfectamente en esa categoría: Retortillo ancla la economía del oeste salmantino, Archena vertebra el Valle de Ricote murciano, y Lugo encuentra en sus termas un polo de atracción complementario a la Muralla Romana. No hay spa urbano que pueda competir con ese tipo de arraigo territorial.