¿El chantaje de Marruecos: Pegasus y el giro del Sáhara?
¿Fue el móvil de un presidente el precio exacto para entregar a todo un país?
Estamos en septiembre de 2026, en Madrid, con el eco incesante de un escándalo que se niega a morir. Han pasado años desde que los móviles más protegidos del país se convirtieron en micrófonos abiertos, y sin embargo, el fantasma de aquel espionaje sigue dictando silencios ministeriales y titulares urgentes en pleno otoño.
El chantaje de Marruecos: Pegasus y el giro del Sáhara es la crisis política iniciada en mayo de 2021 cuando Marruecos infectó los móviles de Pedro Sánchez, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska usando el software de NSO Group. Dirigido por la DGST, este ciberataque extrajo gigabytes de datos en Ceuta. Meses después, en marzo de 2022, España cambió su postura histórica sobre el Sáhara Occidental, lo que analistas vinculan directamente a esta vulneración de seguridad nacional.
Imagina por un momento la escena: un teléfono inteligente, liso, oscuro e inofensivo, descansa sobre una mesa pulida en el complejo de la Moncloa. Nadie lo toca. La pantalla no se enciende, no vibra, no hay notificaciones de mensajes entrantes. Sin embargo, en ese preciso instante, los secretos de Estado, la agenda personal, las fotografías privadas y las conversaciones más confidenciales del presidente del Gobierno están volando silenciosamente a través del Estrecho de Gibraltar. No hay espías con gabardina, no hay micrófonos plantados de madrugada bajo la madera del escritorio, ni hace falta que nadie caiga en la trampa de pinchar un enlace fraudulento. Llevo años observando cómo se mueven los hilos del poder, y puedo asegurarte que el verdadero terror de la vigilancia moderna radica en su absoluta, clínica y despiadada invisibilidad.
Entender el impacto de esta intromisión es vital porque no estamos hablando de una simple brecha de privacidad, sino de la soberanía misma de una nación. Cuando los servicios de inteligencia extranjeros tienen acceso irrestricto al núcleo del poder ejecutivo, cada decisión diplomática queda bajo sospecha. A medida que avanzo en el análisis de este enjambre de intereses, me resulta inevitable conectar los puntos entre una infección digital masiva y una capitulación histórica en el norte de África. Resulta patético comprobar cómo la geopolítica contemporánea ya no se decide en cumbres de estado, sino en el pánico a lo que pueda esconder la memoria caché de un dispositivo móvil.
¿Qué secretos escondía Pedro Sánchez frente a los servicios de Marruecos?
Lo que sabemos con certeza, validado por las propias instituciones y por la investigación del juez José Luis Calama en la Audiencia Nacional, es que el dispositivo de Pedro Sánchez fue saqueado sistemáticamente durante su visita a Ceuta en mayo de 2021. En aquellos días, la frontera ardía tras la calculada relajación de los controles por parte de Rabat, permitiendo una avalancha migratoria sin precedentes. En ese contexto de máxima tensión, alguien abrió el grifo de los datos del móvil presidencial, extrayendo al menos 2,7 gigabytes de información. Como bien resumió el periodista Gonzalo Zaballa al diseccionar el caso, la principal certeza apunta a la inteligencia extranjera, mientras que la dificultad radica en probar judicialmente la extorsión directa.
¿Qué había en esos 2,7 gigas? Nadie lo ha confesado. Pero la rendición diplomática de una potencia europea tras una vulneración cibernética es el síntoma más claro de un sistema político acorralado. La justicia española, previsiblemente, ha archivado la causa en dos ocasiones ante la nula cooperación internacional. Ni el emisor del ataque asume la culpa, ni el fabricante del arma aporta los registros. Es un crimen perfecto ejecutado a plena luz del día.
¿Cómo convirtió NSO Group a Pegasus en el arma invisible perfecta?
Para comprender la magnitud del desastre hay que viajar al origen del arma. Antes, espiar a un adversario en plena Guerra Fría requería logística, infiltración humana y un riesgo físico inmenso. Hoy, el espionaje de alto nivel es un producto comercial empaquetado y vendido al mejor postor corporativo. La herramienta estrella, protagonista absoluta de esta trama, fue desarrollada por NSO Group, una empresa tecnológica de Israel fundada por Shalev Hulio y Omri Lavie. Su obra maestra es un código malicioso de tipo zero click. No necesitas engañar a tu víctima; basta con conocer su número de teléfono para tomar el control absoluto de su cámara, su micrófono y su vida entera.

La propiedad de esta máquina de guerra cibernética es un laberinto financiero fascinante. En 2014, el fondo estadounidense Francisco Partners compró la mayoría de la empresa por una fortuna, para luego revenderla a sus creadores, esta vez respaldados por el fondo europeo Novalpina Capital. Más tarde, tras disputas intestinas, el control pasó a manos de la consultora Berkeley Research Group. Esta constante rotación de dueños no es casualidad; es una cortina de humo corporativa diseñada para diluir cualquier responsabilidad legal por las atrocidades cometidas por sus clientes.
Las cifras documentadas por el consorcio Forbidden Stories y Amnistía Internacional son escalofriantes. Solo en la primera fase de agresiones, entre mayo de 2018 y junio de 2019, se registraron 768 ataques contra 250 terminales españoles. El periodista El Houssine Majdoubi, residente en Granada, se convirtió en el blanco de una cacería digital implacable, recibiendo advertencias directas de seguridad de su propio proveedor de mensajería. Toda esta orquesta de infiltración masiva apuntaba al mismo director: Abdellatif Hammouchi, líder de la DGST, operando presuntamente bajo las directrices de Fouad Ali El Himma, el influyente consejero del rey Mohamed VI.
¿Es el Sáhara Occidental la moneda de cambio para aplastar al Frente Polisario?
Es aquí donde el ritmo del relato se acelera y las coincidencias temporales se vuelven demasiado ruidosas para ignorarlas. Es muy difícil no percibir ese chantaje de la monarquía de Marruecos mediante la inteligencia de Pegasus para forzar el posterior giro del Sáhara. Tras el pánico interno desatado por el descubrimiento de las infecciones en el verano de 2021, emisarios de Moncloa mantuvieron reuniones urgentes y discretas en Marrakech y Málaga a principios de enero de 2022, con la inestimable mediación de Israel.
Apenas un par de meses después de aquellos encuentros a puerta cerrada, el 18 de marzo de 2022, saltaba la noticia que dinamitaba casi medio siglo de política exterior. A través de una carta filtrada desde Rabat, España claudicaba, avalando el plan de autonomía marroquí como la base «más seria, realista y creíble» para resolver el conflicto, dejando en la estacada al Frente Polisario. Ni el parlamento ni los ciudadanos fueron consultados. Vender a todo un pueblo y traicionar la memoria histórica de una nación por el miedo a la filtración de secretos es una de las páginas más oscuras de nuestra diplomacia reciente. Este patrón de sumisión se ha mantenido inamovible a lo largo de 2025 y 2026, consolidando lo que ya muchos definen como una extorsión permanente.
En la actualidad, potencias como Argelia, Mauritania y Washington observan con lupa los movimientos tectónicos de esta región, intentando forzar un acuerdo marco. Pero cualquier negociación nace viciada si uno de los actores principales acude a la mesa atado de pies y manos por la amenaza latente de sus propios archivos sustraídos.
¿Por qué el Artículo 102 propuesto por Vox choca con el muro del Congreso de los Diputados?
Ante la gravedad de los hechos, las réplicas políticas no se han hecho esperar. En agosto de 2026, Santiago Abascal, líder de Vox, puso sobre la mesa la activación del Artículo 102 de la Constitución para procesar al presidente por traición. Es una maniobra que suena contundente en los atriles, pero que choca brutalmente con la realidad aritmética del Congreso de los Diputados.
Este mecanismo legal está blindado con unos requisitos draconianos: exige la firma de una cuarta parte de la cámara para ser propuesto y una mayoría absoluta para ser aprobado. Sin el apoyo incondicional del bipartidismo tradicional, la iniciativa es papel mojado. El sistema está diseñado quirúrgicamente para proteger a sus líderes, garantizando que jamás un presidente en activo enfrente un banquillo por traición sin un consenso parlamentario que roza lo utópico. Es el triunfo de la burocracia sobre la rendición de cuentas.
¿Será Mehdi Hijaouy quien detone finalmente los secretos de la DGED?
Justo cuando parecía que el polvo se había asentado, el pasado mes de septiembre de 2026 nos ha regalado un giro de guion digno de novela de espías. Mehdi Hijaouy, antiguo número dos de la DGED —la poderosa inteligencia exterior marroquí comandada por Yassine Mansouri—, asoma desde el exilio dispuesto a tirar de la manta. Tras huir de su país en 2024, asegura tener en su poder los registros documentales exactos que vinculan formalmente al Estado vecino con la orden directa de hackear al núcleo duro del gobierno español.
Si estos archivos ven la luz y se homologan en un tribunal español, pasaríamos del terreno de la especulación informada a la evidencia incuestionable. Sería la primera vez que la impunidad de estos asaltos tecnológicos se topa con un muro probatorio. Sin embargo, no podemos ser ingenuos. Frente a este panorama, el ciudadano de a pie empieza a adoptar tácticas de resistencia analógica. Reducir la exposición usando dispositivos tontos sin conexión, enrutadores cifrados o fundas que bloquean señales electromagnéticas se ha convertido en el último reducto de la privacidad personal. Ningún escudo comercial detiene a un Estado decidido, pero negarse a facilitarles el trabajo es el primer paso de la rebeldía cívica.
Todo este entramado nos deja frente al espejo de nuestra propia vulnerabilidad como sociedad, obligándonos a cuestionar el precio real de nuestra comodidad tecnológica frente a las fauces de la inteligencia global.
Preguntas frecuentes sobre el caso de espionaje y diplomacia
¿Qué es exactamente la técnica zero click empleada en estos ataques?
Es un método de infiltración cibernética sumamente agresivo que no requiere ninguna interacción por parte de la víctima; el dispositivo se infecta de manera silenciosa e invisible sin necesidad de pulsar ningún enlace ni abrir ningún mensaje.
¿Qué países actuaron como observadores en las recientes reuniones sobre el conflicto saharaui?
Las negociaciones más recientes han contado con la presencia de Argelia y Mauritania como potencias regionales observadoras, bajo el paraguas y la supervisión estratégica de Washington.
¿Por qué fracasan las investigaciones judiciales en España sobre estos ciberataques?
Principalmente por la opacidad absoluta y la nula cooperación internacional. Ni el Estado señalado como atacante ni la empresa desarrolladora del software con sede en Israel responden a las comisiones rogatorias enviadas por la justicia española.
¿Qué institución marroquí fue señalada por coordinar los ataques masivos entre 2018 y 2019?
Las investigaciones independientes apuntaron directamente a la DGST, el servicio de inteligencia interior marroquí, bajo la supervisión de sus más altos mandos operativos.
¿Qué blindaje legal ofrece el Artículo 102 a los miembros del gobierno?
Este artículo establece que, en caso de acusación por traición, no cabe la prerrogativa real de gracia ni el indulto, pero su activación exige mayorías parlamentarias tan altas que, en la práctica, funciona como un escudo protector casi infranqueable.
¿Qué papel desempeñó el fondo Novalpina Capital en la historia de este software?
Fue uno de los principales actores financieros europeos que respaldó la recompra de la empresa matriz por parte de sus fundadores originales, participando en un constante baile de dueños que ha dificultado la exigencia de responsabilidades corporativas a nivel internacional.
¿Estamos dispuestos a aceptar mansamente que el futuro de nuestras fronteras, nuestras alianzas históricas y nuestra soberanía nacional se negocie a punta de pistola digital en los sótanos de una agencia de inteligencia extranjera? ¿O llegará finalmente el día en que la intromisión en la privacidad de nuestros líderes sea juzgada con la misma severidad implacable que una declaración de guerra tradicional?