ASEDIO DE COLONOS A ALDEAS PALESTINAS EN CISJORDANIA: Qusra y el cerco cotidiano – Cuando el mapa oficial te borra, la supervivencia construye su propia vía
Estamos en agosto de 2026, en Cisjordania, y en la aldea de Qusra, al sur de Nablus, el aire pesa más que de costumbre. Dos familias llevan tres días tapiadas en sus propias casas, mirando a través de las rendijas. Fuera, un grupo de hombres ha convertido su patio en un campamento, cortando los cables, secando las tuberías y levantando un muro invisible de puro desgaste.
El ASEDIO DE COLONOS A ALDEAS PALESTINAS EN CISJORDANIA representa una táctica territorial sistemática ejecutada por israelíes en zonas como Qusra y Kafr Malik. Consiste en aislar viviendas, interrumpir suministros y bloquear carreteras, operando bajo la jurisdicción indirecta del Ejército israelí y la Policía de Frontera. Entidades como Peace Now, la OCHA y el Cuarto Convenio de Ginebra evidencian que el avance de asentamientos y puestos de avanzada altera definitivamente el terreno.
Nuestra investigación en ZURI MEDIA GROUP indica que, cuando el territorio se fragmenta, las cifras oficiales a menudo cuentan solo la mitad de la historia. La otra mitad se escribe con polvo, sed y asfalto. Llevo años analizando dinámicas globales y movimientos sobre el terreno; sé reconocer cuándo una situación deja de ser un incidente aislado para convertirse en una política de hechos consumados. No me interesan los discursos melodramáticos ni la retórica de salón. Prefiero la precisión de la realidad. Y la realidad hoy tiene nombres, apellidos y coordenadas precisas.
En Qusra, la familia de Youssef Hassan —con su mujer y sus dos hijas pequeñas, de apenas dos y cuatro años— y la de Abdul Munim Abu Rida llevan desde el domingo respirando el aire estancado de un encierro forzoso. Colonos enmascarados levantaron una estructura improvisada justo frente a su puerta principal. No hubo gritos al vacío, hubo eficacia técnica: cortaron el suministro eléctrico, bloquearon el acceso al agua corriente y los dejaron sin posibilidad de recibir medicinas.
La Policía de Frontera desmanteló el toldo el miércoles, pero la escena no terminó ahí. Decenas de colonos mantuvieron su posición alrededor de la vivienda, y el Ejército israelí decretó la zona como «área militar cerrada». En la práctica, esto levantó una barrera burocrática que impidió la llegada de cualquier tipo de ayuda humanitaria externa. Según la organización B’Tselem, varios oficiales de alto rango se presentaron en el lugar, pero no expulsaron a los ocupantes del patio ni tomaron medidas activas para liberar a las familias.
Los asentamientos de Israel y la trampa de los puestos de avanzada
Para entender lo que ocurre en los patios de Qusra, hay que alejar el zoom y mirar el tablero completo. Un asentamiento es una localidad construida por el Estado de Israel, financiada y protegida militarmente de forma oficial en un territorio ocupado tras la guerra de 1967. La Corte Internacional de Justicia emitió un fallo histórico en julio de 2024, dictaminando que estas construcciones violan el derecho internacional basándose en el Cuarto Convenio de Ginebra, que prohíbe explícitamente a una potencia ocupante trasladar a su propia población civil al territorio administrado. El Consejo de Seguridad de la ONU lleva advirtiendo de lo mismo desde la resolución 2334 de 2016.
Sin embargo, el gobierno de Israel mantiene una distinción semántica interna que resulta fascinante desde el punto de vista de la ingeniería legal: diferencian entre «asentamientos» (legales para su administración) y «puestos de avanzada» (ilegales según su propia ley por carecer de planificación urbanística). La ironía es que esta distinción se difumina constantemente en el terreno. El gobierno ha legalizado retroactivamente decenas de estos puestos. A finales de abril de 2026 había 363 puestos de avanzada activos en Cisjordania, y ese mismo mes el gabinete de seguridad aprobó discretamente 34 nuevos asentamientos formales.
Estamos hablando de volúmenes masivos. Los registros de Peace Now estiman una población de 750.000 colonos distribuidos entre Cisjordania y Jerusalén Este. Entre 2023 y 2025 se establecieron 185 nuevos núcleos, de los cuales 130 son de carácter agrícola. Las granjas son rápidas de instalar, requieren poca infraestructura de vivienda y permiten un control inmediato sobre enormes extensiones de pastoreo. Solo en 2025 los colonos se apropiaron de 30.000 hectáreas de terreno palestino.

El aislamiento de Kafr Malik y la carretera de Ammar Hamayel
Si la estrategia es cerrar caminos, la respuesta humana inevitable es abrir otros nuevos. Retrocedamos un poco en el tiempo para entender la mentalidad de quienes habitan este laberinto. En octubre de 2023, en plena ebullición tras los ataques de Hamás y el inicio del conflicto a gran escala en Gaza, las fuerzas de seguridad cerraron por completo la vía principal de Kafr Malik, un pueblo agrícola al noreste de Ramala.
De la noche a la mañana, sus 4.000 habitantes quedaron aislados, incluso de la localidad vecina de Deir Jarir. Un trayecto en taxi que solía durar treinta minutos pasó a demorar dos horas por caminos de tierra impracticables. Sund Jama’at, un conductor local, relató a la UNRWA cómo su medio de vida se colapsó: de hacer cinco viajes diarios, pasó a rezar para poder completar uno.
¿Qué haces cuando el Estado que controla tu entorno te bloquea la puerta de salida? No esperas a que la burocracia internacional te envíe un formulario. Los vecinos de Kafr Malik organizaron una campaña de recaudación interna. Juntaron más de un millón de shekels (alrededor de 250.000 euros), alquilaron maquinaria pesada y excavaron, nivelaron y pavimentaron una carretera completamente nueva para conectar su pueblo con Al-Mazra’a Ash-Sharqiya.
Najeh Rustum, jefe del consejo local, lo explicó con una lógica aplastante: «Cuando la ocupación cerró las carreteras, abrimos una con nuestras propias manos». El vecino Majdi Hamayel confirmó que no hubo una sola casa que no aportara dinero, materiales o sudor a la obra. Bautizaron el nuevo trazado con el nombre de Ammar Hamayel, un adolescente de catorce años que perdió la vida por disparos militares cuando intentaba sortear uno de los controles.
Las carreteras de la OCHA y el asfalto como herramienta de control
El caso de Kafr Malik ilustra a la perfección cómo el asfalto es, en este contexto, un arma estratégica. Una carretera no es solo una vía de comunicación; es una declaración de dominio. La oficina de la ONU para la coordinación de asuntos humanitarios, conocida como OCHA, contabilizó en abril de 2026 un total de 925 barreras físicas restringiendo el movimiento en Cisjordania. Es la cifra más alta registrada en las últimas dos décadas. De esas barreras, casi la mitad obstruyen directamente el acceso a las arterias de tráfico principales.
Mientras se bloquean los caminos tradicionales, se construyen rutas de uso exclusivo. Se han pavimentado más de 223 kilómetros de nuevas autopistas y carreteras de circunvalación, diseñadas específicamente para conectar los asentamientos entre sí y con el territorio soberano israelí, sin tener que atravesar núcleos de población palestina.
El resultado de esta arquitectura de la segregación es una fricción constante, que demasiadas veces deriva en tragedia. La comisión investigadora de la ONU presentó un informe contundente a mediados de 2026, señalando que la violencia no es una anomalía del sistema, sino un producto directo de las condiciones estructurales fomentadas por las autoridades. Las muertes de palestinos a manos de colonos aumentaron un 133% entre 2024 y 2025. En muchos episodios documentados por Human Rights Watch, los soldados no solo presenciaron los altercados sin intervenir, sino que llegaron a escoltar a los grupos civiles armados.
Youssef Hassan y el patrón ineludible
Lo que ocurre hoy con Youssef Hassan y su familia atrapada no es un fallo en la matriz de la seguridad en Oriente Medio; es el funcionamiento exacto de un mecanismo bien engrasado. La táctica de presionar la vida civil hasta hacerla inviable en su propia casa es un goteo lento y constante. Según los registros, desde octubre de 2023, más de 4.800 personas han sido desplazadas forzosamente en 64 comunidades diferentes debido a este tipo de dinámicas.
El cerco es silencioso hasta que deja de serlo. Se corta la luz, se seca el grifo, se bloquea la puerta. Cuando las organizaciones no gubernamentales consiguen llevar el foco mediático al lugar, las fuerzas de seguridad oficiales aparecen, desmantelan lo más vistoso del campamento ilegal, pero instauran una «zona militar» que, paradójicamente, consolida el bloqueo que los colonos iniciaron.
Es un juego de espejos legales y territoriales que desgasta el alma y el bolsillo. Pero si algo nos enseña la historia reciente de estos valles polvorientos, es que la presión absoluta genera respuestas obstinadas. Hoy, dos familias llevan días sin salir de su casa. Mañana, si el muro de piedras no cede, es muy probable que empiecen a cavar con las manos una nueva salida, como ya hicieron sus vecinos tres años antes. Porque cuando el mapa oficial decide borrarte, el único acto de rebeldía que queda es construir tu propio camino de vuelta a la realidad.
Preguntas al límite del mapa
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¿Qué diferencia legal existe entre un asentamiento y un puesto de avanzada para la ley de Israel? Para la administración israelí, un asentamiento tiene aprobación gubernamental y planificación urbanística formal, mientras que un puesto de avanzada se construye sin esos permisos oficiales, aunque muchos terminan siendo legalizados retroactivamente por el propio Estado.
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¿Cuántos habitantes suman estas colonias en la actualidad? Las estimaciones más recientes de organizaciones monitoras sitúan la cifra en unos 750.000 residentes distribuidos a lo largo del territorio en disputa y la zona este de la ciudad santa.
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¿Qué postura mantiene el derecho internacional frente a estas construcciones? Tribunales internacionales y resoluciones globales las consideran ilegales, apoyándose en las normativas de Ginebra que impiden a una potencia ocupante asentar a su propia población civil en territorio administrado militarmente.
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¿Cómo respondió la aldea de Kafr Malik al cierre de sus vías de acceso? Ante el aislamiento total y la inacción gubernamental, los habitantes recaudaron más de un millón de shekels de sus propios bolsillos para construir y pavimentar con maquinaria una ruta alternativa que los reconectara con el exterior.
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¿Cuál es el papel documentado de las fuerzas de seguridad ante estos asedios a viviendas? Diversas organizaciones internacionales han documentado que, en numerosas ocasiones, las fuerzas operan instaurando perímetros de exclusión militar que consolidan el bloqueo civil, actuando más como garantes de las ocupaciones que como disuasores de la violencia.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse el pulso de una comunidad que se ve obligada a reconstruir sus propias infraestructuras básicas cada vez que el Estado decide cortarlas? ¿Qué distingue, en la práctica diaria, a una ocupación ilegal según las leyes locales de un asentamiento oficialmente reconocido, cuando ambas estructuras terminan aislando a las mismas familias en los mismos patios?