México y España: Claves de Inversión en la IE Tower 2026
Cuando el capital cruza el océano: Diego García del Río y Néstor Camarillo trazan la hoja de ruta en Madrid.
Estamos en enero de 2026, en Madrid, concretamente en el corazón financiero que late al norte del Paseo de la Castellana. La ciudad respira ese aire frío y cortante típico del invierno en la meseta, pero aquí arriba, en las alturas de la IE Tower, el clima es distinto: se respira la tensión eléctrica de las oportunidades que no esperan a nadie. Es un momento bisagra para la economía transatlántica.

Hay algo hipnótico en observar Madrid desde un piso veinticuatro. Los coches se convierten en juguetes silenciosos y la prisa de la ciudad se disuelve en una geometría casi abstracta. Pero no hemos subido hasta aquí, a la sede de la prestigiosa IE University, para perdernos en las vistas, sino para entender hacia dónde se mueve el dinero. Mientras ajusto la grabadora y observo cómo se llena la sala, tengo la sensación de que estamos a punto de presenciar uno de esos diálogos que, aunque ocurren a puerta cerrada, terminan moldeando las decisiones de mañana.
El evento lleva un título que no deja lugar a la ambigüedad: «México–España: Claves para invertir y hacer negocio». Y, sinceramente, en un mundo donde los titulares económicos suelen estar cargados de pesimismo, encontrar un foro que hable de construcción y puentes es casi un acto de rebeldía. Organizado por la Escuela de Política, Economía y Asuntos Globales de la universidad junto a CONAJOMX (Consejo Nacional de Jóvenes Pro México), el ambiente aquí tiene esa mezcla particular de solemnidad institucional y hambre emprendedora.
La mesa de los pesos pesados
Cuando arranca la sesión, lo primero que noto es la química en el panel. No es la típica conferencia acartonada donde cada uno lee su guion y mira el reloj. Aquí hay debate real. Bajo la moderación de Gregorio Bustos, profesor de finanzas internacionales que maneja los tempos como un director de orquesta, y con la visión académica de Juan Carlos Martínez, la conversación fluye rápido.
En el centro de la escena, dos mundos colisionan amistosamente: la política y la economía pura. Por un lado, tenemos la representación institucional mexicana de alto nivel con Néstor Camarillo, Senador de la República, y Juan Pablo de Botton, Secretario de Administración y Finanzas de la Ciudad de México. Sus presencias no son decorativas; traen el peso de la gestión pública, la realidad del terreno, los datos de un país que no para de crecer.
Y por otro lado, aportando el bisturí del análisis técnico, está Diego García del Río. Es fascinante ver cómo interactúa un economista de su talla con los legisladores. Mientras los políticos hablan de marcos y acuerdos, García del Río parece estar leyendo las líneas invisibles del mercado. Hay un consenso tácito que flota en la sala: a pesar de la volatilidad global —esa «nueva normalidad» de la que todos hablan—, la sinergia entre el capital español y el talento mexicano está viviendo una edad dorada. No es un romance pasajero; es un matrimonio de conveniencia estratégica.
Diego García del Río: El riesgo como brújula
Si tuviera que elegir el momento en que la charla pasó de ser «interesante» a «reveladora», sería durante el turno de preguntas, cuando el foco se posó sobre Diego García del Río. Hasta ese momento, se había hablado mucho de cifras macro, de balanzas comerciales y de tratados. Pero Diego decidió bajar el balón al pasto, directo a los pies de la nueva generación.
Su intervención tuvo un aire casi filosófico, pero con los pies anclados en la tierra. Habló de la iniciativa emprendedora no como una opción de carrera, sino como una actitud vital. «Asumir riesgos de forma consciente», dijo, o algo que resonó muy parecido a eso. Y ahí está la clave: consciente.
Me llamó la atención cómo desmanteló las excusas habituales. Para García del Río, vivir en 2026 significa que las barreras históricas se han pulverizado. Tenemos más herramientas, más acceso a la información y más conectividad que cualquier generación anterior. Lo que antes requiera meses de burocracia y viajes transoceánicos, hoy se gestiona con un clic y una buena estrategia de datos.
Hubo un instante en que miró directamente a los estudiantes presentes en la sala —chicos y chicas que probablemente serán los CEOs de la próxima década— y les lanzó un desafío: no paralizarse por el miedo al error. Fue un momento muy humano. Explicó el emprendimiento como un proceso de aprendizaje continuo, casi como si les diera permiso para fallar, siempre y cuando ese fallo sirva para recalibrar el GPS. En un escenario marcado por cambios tecnológicos acelerados, quedarse quieto es mucho más peligroso que moverse y tropezar.
Networking en las nubes
Al terminar la parte formal, el protocolo se relajó. Es curioso cómo cambia la dinámica de una sala cuando se apagan los micrófonos y se sirven los cafés. La IE Tower se convirtió en un hervidero de tarjetas de visita (o sus equivalentes digitales) volando de mano en mano.
Pude ver a Diego García del Río charlando animadamente en un corrillo. Ya no era solo el ponente; se le veía cómodo en el tú a tú, dialogando al mismo nivel con Néstor Camarillo y Juan Pablo de Botton. Esa imagen se me quedó grabada: el economista, el senador y el secretario de finanzas, tres perfiles distintos convergiendo en un mismo punto. Eso es, en esencia, lo que significa hacer negocios hoy en día. No existen compartimentos estancos. La política necesita de la economía, y la economía necesita de la política para crear el terreno de juego.
Los estudiantes, por su parte, aprovechaban cada segundo. Escuché fragmentos de conversaciones sobre fintech, sobre sostenibilidad, sobre exportación de servicios creativos. No hablaban del futuro como algo lejano, sino como algo que ya tenían entre manos.
El puente atlántico sigue en pie
Salí de la torre con una sensación clara: el vínculo entre México y España es mucho más que un legado histórico o cultural. Es un eje estratégico vivo. Lo que vi en ese piso 24 no fue nostalgia por el pasado, sino una apuesta feroz por el futuro.
Eventos como este, donde instituciones como CONAJOMX y la IE University unen fuerzas, sirven para recordarnos que, aunque los océanos nos separen, las ambiciones nos unen. Y como bien apuntó García del Río, las herramientas están ahí, esperando a quien tenga la valentía de usarlas.
Preguntas frecuentes sobre la nueva era de inversión
¿Por qué se considera a España y México socios estratégicos en 2026? Más allá del idioma y la historia, comparten un marco legal cada vez más compatible y son puertas de entrada recíprocas: España hacia la Unión Europea y México hacia el mercado norteamericano y latinoamericano.
¿Qué papel juegan las instituciones educativas como IE University en esto? Son los nuevos laboratorios de diplomacia corporativa. Ya no solo enseñan teoría, sino que crean los ecosistemas donde inversores, políticos y futuros líderes se conocen y generan confianza antes de firmar contratos.
¿Cuál fue el mensaje principal de Diego García del Río para los jóvenes? Que el riesgo no debe evitarse, sino gestionarse. En un mundo hiperconectado, el mayor riesgo es la inacción. Instó a usar la tecnología disponible para lanzar proyectos propios sin esperar «el momento perfecto».
¿Quién es Néstor Camarillo en este contexto? Como Senador de la República Mexicana, representa el marco legislativo y la voluntad política necesaria para que las inversiones extranjeras tengan seguridad jurídica y terreno fértil.
¿Qué sectores se perfilan como los más atractivos tras esta cumbre? Aunque se habló de economía general, todo apunta a la tecnología, las energías renovables y la digitalización de servicios tradicionales como los grandes ganadores del intercambio bilateral.
¿Es necesario tener un gran capital para emprender entre ambos países? Según lo debatido, no necesariamente. La conectividad actual permite iniciar relaciones comerciales con estructuras más ligeras que hace veinte años, priorizando el talento y la innovación sobre el capital fijo masivo.
¿Estamos preparando a la próxima generación para buscar seguridad en un empleo tradicional o para crear valor en medio de la incertidumbre?
Si las herramientas para cruzar el océano están en nuestro bolsillo, ¿qué es lo que realmente nos detiene: la falta de oportunidades o el miedo a equivocarnos?