butler judith – VÁYASE USTÉ A CAGAR, SEÑORA BUTLER JUDITH, Y LLÉVESE A LOS ULTRACATÓLICOS DE PASO.

La filósofa Judith Butler divide las redes y las calles

Ella dice proteger las libertades en temas de identidad sexual

Pero los ultraconservadores creen que el enfrentamiento en base al género amenaza los valores de la familia y confunde a los niños y niñas. Pero ¿que conclusiones podemos sacar sobre los postulados de Butler quienes no somos ni siquiera conservadores? Si los conservadores acusan a Butler de ser la primordial gerente de lo que llaman “ideología de género” y tienen miedo a que se enseñe esto en las escuelas. ¿Que podemos pensar los demás? ¿Tienen motivos para preocuparse? ¿Tenemos motivos todos para la preocupación? ¿Es libertad o es adoctrinamiento?

Un buen día el Museo de Arte de São Paulo (MASP) presentaba la exposición Historias de la Sexualidad.

El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad EL LIBRO Y EBOOK AQUÍ

Los ultraconservadores se hicieron oír llevando cruces, rosarios católicos, biblias y banderas de Brasil. Algunos hasta pedían la dictadura militar. Relacionaban a Butler con la pedofilia y la zoofilia y rechazaban la “ideología de género”. Propagaban, además, el emprendimiento Escuela Sin Partido, que según dicen tiene el propósito de evadir la ideologización de los niños y niñas.

Hay que entender que Brasil, aunque no lo parezca desde fuera, es un país conservador, y muy influenciado por la religión. Exageradamente influenciado por la religión. No tienes más que pasear por las calles para ver todo tiempo de menciones a Dios y a Cristo, o hablar con brasileños para enseguida notar que mencionan a Dios para todo. Las iglesias evangelistas han tomado el país y la calle. En Brasil la religión es tan fundamentalista como en Cataluña lo es el independentismo o en España el feminismo.

Por eso mi opinión, en principio sobre este tema es que nuevamente nos encontramos ante un enfrentamiento de radicalidades muy opuestas. También quemaron muñecos del expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso y del banquero George Soros, quién según ellos financia a la izquierda y a la “ideología de género” a nivel mundial.

BUTLER JUDITH

Judith Butler y la Teoría Queer

Para la autora, el cuerpo no existe por fuera de los discursos que le dan forma. El género no es natural, sino performativo. Durante su obra, tratará de responder a la pregunta de por qué solo hay una manera de ser hombre/masculino y de ser mujer/femenino. El criterio de “universalización de la identidad”, es clave para intentar responder a esta pregunta, según ella. Según la autora, el alegato heteronormativo de los cuerpos está basado en una manera ideal y ficticia de “ser hombre“ y “ser mujer“.

La democracia plural y extremista ¿Es viable liberarse dentro del capitalismo?

Quienes siguen a Butler consideran que es por medio de la repetición ritualizada de las carcterísticas como los individuos, y los cuerpos, como asumen su género y, por lo tanto, su lugar en el orden popular. Entonces existe la oportunidad de desplazar este orden simbólico por medio de la performatividad misma. La reproducción recurrente de los “géneros de la no coherencia” por medio de la práctica de lo que ella llama el “nomadismo de género”.

Hablando en plata, que hombres y mujeres no lo somos porque hayamos nacido así sino porque el “Patriarcado” nos ha convencido de lo que somos. No hay hombres ni mujeres, solo humanos y humanas que pueden decidir libremente lo que quieren ser en cada momento.

Desde una mente simple como la mía puedo llegar a entender parte del discurso de ambos extremos. Particularmente creo que es necesario que exista total libertad para que cada persona se sienta a gusto con su identidad sexual y de género. Y me da igual lo que cada una o uno haga con su sexualidad y con su apariencia, pero de ahí a no reconocer que somos hombres o mujeres de forma absolutamente natural creo que es retorcer las cosas hasta límites hipócritas.

Lo que sucede es que Butler no expone cual sería el carácter de clase de esa supuesta democracia extremista. ¿Se va terminar la opresión de la identidad manteniendo un sistema de explotación en el que la identidad y la expresión hegemónica va relacionada a una manera concreta de explotación del trabajo y a una manera concreta de ordenar la reproducción? Tampoco enseña cuál será el desarrollo de construcción de esta supuesta democracia extremista. Mi opinión es que una democracia extremista no es democracia. Porque al fin y al cabo la democracia se basa en el triunfo de las opciones mayoritarias. Las democracias dejan cada vez menos espacio a las minorías y a mucho menos a los consensos. Consenso, palabra que no encuentro nunca en las manifestaciones de radicalidades de uno y otro bando.

La autora no cree que esa democracia radical se haya de conseguir por la destrucción del capitalismo, sino por medio de la pelea y por la apertura de nuevos espacios políticos alternativos en el interior mismo de la democracia capitalista.

Butler empezó a resaltar en la década de los 90, más que nada desde la publicación de su trabajo “Gender Trouble” (“El género en disputa: Feminismo y la subversión de la identidad”, en español).

Se podría articular un compendio de la teoría de Butler alrededor de las siguientes preguntas: ¿Cómo se consigue naturalizar los términos masculino y femenino, hombre y mujer? ¿Qué implicaciones tiene este hallazgo en la teoría feminista? ¿Cómo tenemos la posibilidad de soportar y revertir esta naturalización conceptual?

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La norteamericana cuestiona el mismo criterio de mujer. Para Butler uno de los inconvenientes del feminismo es el de intentar someter el movimiento a un criterio de mujer definido por la misma matriz heterosexual. Ella dice que “al admitir que somos mujeres, asumimos el criterio de mujer que define la diferenciación binaria”. “Y no sólo eso, el mismo término abarcará sólo a un tipo de mujeres y no a otras -mujeres blancas y no negras, bolleras y no heterosexuales, burguesas y no proletarias-, distinciones que, a su vez, tienen la posibilidad de marcar la diferencia entre sí -entre las burguesas, según su orientación sexual, por ejemplo- y así hasta el infinito”.

La iniciativa butleriana será admitir que el criterio de mujer no debe ser cerrado sino contingente, abierto a una persistente disputa. Esto no pasa por continuar añadiendo adjetivos a la noción de mujer -negra, trabajadora, madre, soltera- sino por dejar el término abierto, de forma que siempre logren incluirse nuevos cuerpos, novedosas maneras de ser.

El feminismo de Butler no sólo afirma que su género y sexo son construidos, sino que todos los géneros y sexos lo son.

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Cosas que ha dicho Judith Butler

  • En cierto modo, toda guerra es una guerra sobre los sentidos. Sin la alteración de los sentidos, ningún Estado podría llevar a cabo la guerra.
  • Sobre la manipulación y el populismo con que el poder seduce a la población y le muestra la guerra como algo deseable.
  • El trabajo intelectual es una forma de conectar con la gente, de conformar parte de una conversación en curso. Los intelectuales no marcan el sendero ni son indispensable. Pienso que la reflexión teórica es parte de toda buena política.
  • Si Lacan admite que la homosexualidad de la mujer procede de una heterosexualidad decepcionada -como se asegura que lo revela la observación-, ¿No sería igual de visible para el espectador que la heterosexualidad procede de una homosexualidad decepcionada?
  • Sin lugar a dudas, el matrimonio y las alianzas familiares del mismo sexo deberían ser configuraciones accesibles, pero convertirlas en modelo para la legitimidad sexual es exactamente constreñir la socialidad del cuerpo de una manera aceptable.
  • Los activistas intersex trabajan para rectificar la errónea presuposición según la cual cada cuerpo aloja una ‘verdad innata’ sobre su sexo que los expertos médicos tienen la posibilidad de discernir y traer a la luz por sí solos.
  • Los movimientos sociales tienen que juntar las energías creativas y afirmativas de la gente, no sólo reiterar los daños y producir una identidad como sujetos del daño. Sin lugar a dudas, no negaría que hay formas extremas, persistentes y malignas de victimización, pero adoptar esta visión en un movimiento popular es contraproducente. Huir del victimismo y ver hacia el futuro, uniendo fuerzas: ese es el ámbito al que Judith Butler aspira.

Butler es profesora de literatura comparada en la Facultad de California en Berkeley y una filósofa de renombre mundial que se ha desarrollado en el campo de la teoría feminista. En 1990 publicó El género en disputa, un libro que revolucionó para toda la vida la forma de concebir la identidad de género tanto dentro de la academia como en el movimiento y activismo LGBTQ. Ofrece desnaturalizar los conceptos de sexo, y género, y entenderlos como creaciones que establecen normas culturales que violan la intención de todos los sujetos que no se ajusten a ellos.

Butler ha abierto verdaderas vías de pensamiento para ejercer el disenso. Traslada su reflexión hacia una preocupación por la precariedad en sentido amplio.

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¿CONCLUSIONES?

No hace falta dedicar toda una vida a hacer aportaciones filosóficas que casi nadie entiende, poca gente comparte y a casi nadie importan. Hay que ser muy raro o rara para pasarse la vida justificando que uno o una no se siente a gusto con el rol que supuestamente le ha tocado por haber nacido hombre o mujer. Eso si, raro o rara según el “Heteropatriarcado”. Se nace hombre o se nace mujer, muchas veces incluso a pesar de que uno o una no se siente “por dentro” en la piel de su cuerpo.

Pero lo cierto es que a la mayoría de los hombres nos gusta ser hombres, muy a pesar de que intenten criminalizarnos colgándonos el “sanbenito” de ejecutores del Heteropatriarcado. Allá tu si te sientes a gusto siendo una camionera 2.0, ni me preocupa ni me molesta, pero no intentes coartarme mi libertad de sentirme a gusto, no con un rol machista, que lo desprecio, sino con mi propio rol particular de ser hombre. Lo siento, pero a mi sexualmente no me atraen los hombres y no pienso pedir perdón por ello. Pero es que también se que a la mayoría de las mujeres les gusta ser mujeres. Y todo ello a pesar de que hay total libertad para que cada cual se sienta mujer, hombre, o marciano. Llámeme machirulo si usted quiere, ya empiezo a acostumbrarme, pero eso no quitará que mis ídolos sigan siendo David Bowie y Freddy Mercuri, y no Maluma.

La democracia real, que dista mucho de ser lo que tenemos, a mi juicio, habría de basarse más en el principio de consenso y de la incorporación y la suma de las minorías que en el poder absoluto de la mayoría. Y en eso estoy un poco con esta señora. Pero detecto en ella todo un desprecio de las opiniones mayoritarias, a la vez que un movimiento por hacer pasar mayoritarias posiciones que una y otra vez se demuestran marginales. ¿Porque nos ha educado el Patriarcado? En parte puede que si, pero no somos tan tontos ni tan tontas como para no saber desechar de nuestras vidas, la mayoría de las veces, esas cosas que nos quieren imponer y no nos gustan. Y eso va también por usted y por sus seguidores.

Si, si, ya se que me van a criticar y me van acusar de ignorante, que no entiendo, y bla bla bla. No me da la gana de admirar o callarme ante un discurso viciado y pretendídamente innovador o revolucionario por que solo es la rabia de alguien contra una sociedad que cree que no la acepta o la cuestiona. Es el extremismo de lo antihetero, que tan extremista es, para mi, como el querer imponer lo hetero. ¡Váyase usté a cagar, señora! ¿O usted no caga? Y de paso se lleva con usté a los ultracatólicos, y nos dejan vivir a los simples mortales heterosexuales, nuestras vidas de personas normales y oprimidas que intentan salir adelante a duras penas, a pesar de que el mundo es muy injusto y lo sabemos. Pero no creo, sinceramente, señora Butler, que usted lo hiciera más justo.

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